Decisión e identidad


¿Demoras para tomar una decisión? ¿Has dejado pasar buenas oportunidades por no haber tomado una decisión a tiempo? ¿Has querido hacer algo al respecto pero no sabes por dónde comenzar?

No tiene nada de malo pensar las cosas antes de tomar una decisión, el problema es cuando te quedas instalado demasiado tiempo en ese lugar, porque eso está impidiendo tu crecimiento. El miedo está detrás de todo esto, temes no tomar una buena decisión, te da miedo arriesgarte, prefieres pensar en otra cosa porque pensar en ello te incomoda, temes ver las cosas tal y como son. Pero esto no tiene por qué ser así.

La indecisión está relacionada con el manejo de tus emociones y con dudas acerca de tu proyecto de vida; pero de una manera más profunda se relaciona con tu identidad. Por ejemplo, si crees que no te lo mereces, no eres suficiente, no sabes, no puedes o no tienes la capacidad dudarás de ti misma y retrasarás una decisión importante.

Conozco muchas parejas que aunque su relación no funciona más se quedan ahí por temor a quedarse solos o tomar una decisión apresurada o por los hijos o porque ya se acostumbraron a vivir así y en muchos casos se convierte en una relación tóxica muy dolorosa y difícil de romper. Pero exactamente lo mismo sucede en otros temas como la vocación, en el ámbito financiero o en la elección de un restaurante para cenar o la inscripción al gimnasio.

Uno de los más grandes errores que podemos cometer es juzgar una decisión como menos o más importante. Cuando sabes quién eres y lo que quieres en la vida en lo macro también lo sabrás en lo micro; y no se trata de ser perfectos sino de estar conscientes y hacer algo por ti misma cada día.

Muchos de los problemas laborales, financieros y de pareja existen porque las personas no tienen clara su identidad y lo que quieren en la vida; si esto es así cualquiera tomará la decisión por ti. Pero eso obviamente no te vendrá bien. Aquí es donde cobra sentido esa frase "Las cosas pasan por algo" mientras más consciente eres de ti misma sabrás por qué te pasan y te harás cargo. Generalmente no lo recordamos pero el alma tiene un propósito muy definido y un plan para lograrlo; necesitas conocerlo porque si tus decisiones no van acorde con él entonces las cosas no resultarán.

Pero eso no es todo, tu Espíritu tiene un propósito diferente al de tu alma, es mucho más simple y es tu deber cumplirlo porque ahí radica tu felicidad y libertad. Una persona consciente de ese propósito toma decisiones firmes y con determinación y sus acciones dejan de ser desatinadas; una persona consciente de ello es segura de sí misma y respetuosa del flujo natural de la vida y sus decisiones fortalecen su identidad y aumentan su satisfacción y la de las personas que la rodean.

Tu trabajo consiste en darle un sentido más profundo a tus acciones diarias y que cada una de ellas te brinden más felicidad y paz; esto sólo te será posible si alineas tu proyecto de vida y el plan de tu alma con el propósito de tu Espíritu.

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