Los beneficios de la frustración (para grandes y pequeños)


Invertimos mucho tiempo en evitarnos la frustración como si fuese algo malo, sin embargo, ademas de que no la podemos evitar, piénsalo por un momento y te darás cuenta que cuando más te has sentido frustrado es cuando piensas en alternativas que no habías considerado y sacas a relucir talentos escondidos.

Es fácil confundirla con otras emociones como el enojo, la impaciencia o la intolerancia, pero la frustración la podemos definir como esa respuesta emocional desagradable que sientes cuando no obtienes lo que deseas, se siente como un freno en seco, acompañada de una sensación de impotencia, desesperación, enojo e impaciencia. La sientes con tanta fuerza porque esa meta es como el contenido de una olla expres, cuyo deseo es el fuego y la olla es el contexto en el que lograrás esa meta, en un tiempo y una forma. Cuando la olla/condición no puede abrirse/concretarse y el fuego/deseo es intenso, la frustración es esa sensación de que si no se concreta todo explotará; si sucede lo que esperamos es como cuando abres la olla y disfrutas lo cocinado; pero sino el contenido debe encontrar una salida, a veces es el enojo, el miedo, la culpa, otras veces la ansiedad, la impaciencia y la desesperación y otras veces, las más afortunadas, el dominio de sí mismo y/o la creatividad para llevar a cabo un plan B, C, D o X.

Para quien no sabe manejar la frustración hay dos opciones: ganar o perder; pero para quien la utiliza como su aliado existen dos posibilidades: ganar o aprender. Aprendes a dominarte, conocerte y a utilizar no sólo tu creatividad sino tus dones y talentos para encontrar la manera de triunfar.

Cuando un niño quiere algo y su mamá se lo da inmediatamente, no es que esté bien o mal, sólo que le está enseñando, entre otras cosas, a que sólo tiene dos opciones: ganar o perder. Lo mismo sucede cuando el pequeño desea algo que es peligroso, difícil o complicado y la mamá aún así se lo permite o se lo prohibe.

Si tu hijo quiere algo que es bueno para él, y es adecuado en tiempo y forma seguramente estará a su alcance y no habrá problema alguno. Pero cuando aparece la frustración tenemos una oportunidad de oro para comenzar con una enseñanza que durará para toda la vida. En un intento por describir una regla general, podemos decir que:

1. Si tu hijo quiere algo que le representa un desafío más no un peligro, ayúdalo a que lo logre, no se lo des ni lo hagas por él, ayúdalo; imagina que eres sus manos, sus brazos, sus piernas y su fuerza pero deja que haga su mayor esfuerzo, seguramente no lo puede hacer por su tamaño, conocimiento o fortaleza, que lo ayudes en esta tarea le servirá a su cerebro a formar y a imaginar el camino que las neuronas deben tomar para eventualmente lograrlo y sentirá una sensación de éxito y logro que las mamás queremos que nuestros hijos sientan. En este punto sucede a diario que los papás pensamos que sabemos cómo hacer las cosas, pero olvidamos que cada cabeza es un mundo lleno de ideas refrescantes y muchas veces desconocidas, dale chance a tu hijo de hacerlo a su manera, bajo tu cuidado y compañía, de verdad te vas a sorprender de su creatividad y aprenderás muchísimo. He conocido a muchos papás que me cuentan que han cachado a su hijo de dos años treparse por los muebles para conseguir algo con un sistema cuidadoso y bien pensado que los deja cruzados de brazos y mirándose el uno al otro. O bien encuentran que su hijo aprendió solo a utilizar funciones de aparatos electrónicos sofisticados que ellos no sabían que tenían.

2. En cambio si tu hijo quiere algo que es peligroso para él, en la mayor medida de lo posible muéstrale si es caliente, frío o afilado y que su cuerpo lo sienta, los niños no son tontos y el sistema de reflejos y autocuidado natural del cuerpo estará alerta ante el peligro para mantenerse a salvo. Si es demasiado alto o arriesgado, no importa su edad, con toda calma y paciencia háblale de los riesgos. Mil veces he probado el hablarle a los bebés y niños pequeños en esos momentos de frustración y he probado que lo peor es prohibirles algo, su desarrollo es tan joven que su frustración será inmensa, es normal, así que evita decirle no; mejor aún funciona excelente que empatices con ellos, con su emoción y ganas de hacer eso, tocar, saltar, moverse; están llenos de curiosidad y fascinados por el mundo que les rodea. No seas cruel, la frustración es muy dolorosa y ya es suficiente con sentirla, no permitas que se lastime pero se comprensivo y ya no le recuerdes que no podrá tenerlo. Te tomará mucho tiempo, pero bájale dos rayitas a tu prisa y acompáñalo, prueba con él, siéntate en ese balcón en el que desea asomarse, súbete a ese juego del parque con él y háganlo juntos.; háblale con toda calma y quédate a su lado, muéstrale otro lado de la diversión, muéstrale que comprendes que se muere de ganas, cuéntale tu experiencia cuando lo hiciste tú, dile algo así como: "Te entiendo perfecto, es increíble, se siente muy bien hacerlo", o bien "Te entiendo perfecto, he sabido que hay personas a quienes les encanta hacer eso que tú quieres hacer ahora, mira te invito a jugar a _______". Muchas veces si sólo charlas con el niño acerca de eso que quiere, es suficiente, se sentirá comprendido, más aliviado y te aseguro que, o se le olvida o regresa con un nuevo plan o una nueva meta.

Parece mentira pero un bebé o un niño pequeño siente tu emoción y cuando es agradable se siente tan bien que empatará contigo rápidamente. Esa emoción positiva mientras más intensa es lo más parecido al estado natural del Espíritu por eso le parece conocida y quiere sentirla contigo. Así que mantén la calma, se paciente, sonríe y míralo amorosamente a los ojos mientras le hablas, es mucho más sencillo de lo que parece. Dale instrucciones claras de lo que esperas de él y deja de hablar de lo que no quieres que haga. En lugar de decir: "Juanito, no puedes saltar del balcón", dile "Es increíble lo que quieres, se siente padrísimo el aire y la libertad, vamos a disfrutarlo juntos aquí un ratito". Y minutos después, sonríes con él, le haces cosquillas y lo acaricias, lo besas y lo abrazas y posteriormente lo invitas a jugar con otras cosas que le llamen la atención.

¡¡¡Te das cuenta de los beneficios!!!

1. Te hace sentir orgulloso y sí, menos frustrado.

2. Conoces a tu hijo, te conoces a tí mismo.

3. Te hace más creativo, paciente y motivado.

4. Mejora tu relación con tu hijo y/o contigo mismo y con el mundo.

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¡¡Y a aceptar la frustración como una oportunidad de ser y hacerlo mejor!!

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