Capítulo 17. El perdón y la relación santa

IV. Los dos cuadros

La base de la relación que Dios tiene contigo es la felicidad esa es su función y es la única función real de todas las relaciones.  A través de tus relaciones puedes llevar a cabo dicha función, lo que no satisface esa función no puede ser real.  La función que tú le has asignado a las relaciones especiales es precisamente que no sean fuentes de felicidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Espíritu Santo es la respuesta de Dios a la separación y la relación especial es la respuesta del ego a la creación del Espíritu Santo.  El Espíritu santo es una amenaza para el ego y la relación especial es una manera en la que se protege a sí mismo y a la idea de separación que representan. El pensamiento de separación hace que creas que Dios está muy fuera de tu alcance; en el Espíritu Santo tu sensación de estar unido a Dios queda restaurada. 

Todo al respecto de la idea de separación es demente y así mismo son sus defensas pues protegen una idea falsa, tu nunca has estado separado ni puedes estarlo, esto es lo que representan las relaciones especiales y es la razón por la cual nos ocasionan tanto conflicto.

La relación especial se te presenta en un marco de oro, recargado y elaborado que fácilmente nos distrae del cuadro, el cuadro carece totalmente de belleza y atractivo, es por demás insignificante, pero lo aceptamos porque viene presentado por un exuberante marco.  El instante santo es un cuadro de intemporalidad montado en un marco de tiempo, es un pedacito de eternidad que se nos regala para que puedas recordar y elegir de nuevo.  El primer cuadro queda opacado por el marco en el que se te presenta, te deslumbra con sus promesas y cuando lo aceptas te das cuenta que no puede cumplir con ninguna pues su contenido, el cuadro, es insignificante, falso y obsoleto e indudablemente te dejará sintiéndote vacío  e insatisfecho.

El segundo cuadro viene en un marco sencillo pues la eternidad no puede ser contenida por el tiempo, quizás no llame mucho tu atención al principio pero hace que despiertes ese intenso anhelo de paz y por eso lo aceptas, y al hacerlo aceptas la realidad, no es una representación del pensamiento de Dios, sino del pensamiento mismo, te ofrece todo a cambio de lo que considerabas valioso y que no es nada, desde aquí es como puedes darle un nuevo significado a las relaciones y descubrir lo que es verdad, lo que te da es vida, paz y abundancia.

Por Caanly Hernández Galán

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