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Capítulo 30 El nuevo comienzo

Sección VI. La justificación del perdón

 

 

 

Sólo hay espacio para la ira o para el perdón no pueden coexistir ambas en tu sistema de pensamiento.  Cuando reconoces que la ira y su consecuencia el ataque no están justificados bajo ningún argumento puedes darte cuenta de quién eres realmente y cuál es tu sitio, el perdón pone todo en su lugar y no tiene excepción alguna, de hecho en la aplicación de esto a todo lo que percibes y conoces del mundo se encuentra la esperanza de tu felicidad y de tu estado puro de paz.

No se te pide jamás que sacrifiques nada, pues eso sería concebir que estarías perdiendo algo valioso y eso no es posible en la concepción de tu naturaleza divina, al contrario se te pide que entregues toda idea de pecado, falta o falla en ti o fuera de ti.

 

El perdón ya de por sí sana, pues te restablece lo que es real en tu mente y te libera de las ilusiones y fantasías que te conflictúan y duelen.  Recordemos siempre que la felicidad y el gozo plenos de cualquier modo están justificados y te los mereces, esto es verdad y es lo real, lo demás son fantasías.  Ese estado elevado de paz en el que te encuentras cuando estás en meditación o cuando las cosas simplemente te salen bien es lo más cercano a la idea del perdón que aquí se te explica.

Nunca se hará demasiado hincapié en que no hay excepción para el perdón, se aplica a todo, de lo contrario no sería perfecto ni él ni su hacedor, implicaría que Dios tiene límites y que es parcial y tu paz no sería total.

 

Cuando tengas la fortaleza, la fe y el deseo de perdonarte y perdonar a todos y a todo por lo que jamás pasó en ese momento se te restablecerá tu visión, tu integridad y tu sanación y por lo tanto gozarás de una libertad tan perfecta que apenas te cabrá en el cuerpo.

El Hijo de Dios es perfecto, tú eres perfecto, aquel en el que piensas también lo es, es todo lo que  resonará en tu corazón cuando aceptes esta verdad.

 

Nada de lo que te sucede a nivel corporal puede afectar a la belleza y perfección de tu espíritu y en la firmeza de tu convicción en ello es que se restablecerá en tu cuerpo ese mundo feliz en el que deseas vivir aquí y ahora, porque ya no habrá tiempo que te impida lograr esa perfección, ya estarás en la eternidad para gozar de todo lo que tanto buscas en vano a través de los medios del cuerpo.

 

 

Por Caanly Hernández Galán

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