Capítulo 19. La consecución de la paz

III. La irrealidad del pecado.

La mente dual siente una gran atracción por la culpabilidad por lo que constantemente te hace percibir al pecado en lo que vives a diario, por tal razón, experimentas miedo, duda y preocupación, en otras palabras te olvidas de quién eres y caes en la idea equivocada de que no tienes salvación y nada puede librarte del destino fatal que el ego o mente dual te hace creer que tienes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esto sucede una y otra vez hasta que en algún momento algo te hace dudar de que sea así y piensas "Debe haber una mejor manera de ver esto", es ahí cuando el Espíritu Santo responde de inmediato y comienzas a darte cuenta de que lo que el pecado representa no puede ser real porque eso implicaría que el pecado es más poderoso que Dios al cambiar la naturaleza de lo que Él creó, además que tu realidad está limitada a un cuerpo y que los cuerpos pueden unirse, además de que lo que perciben tus sentidos es todo lo que hay, por lo que tu condición está limitada al tiempo y al espacio; en efecto eso es real para el cuerpo pero recuerda que tú no eres un cuerpo, eres Espíritu y tu realidad es inmortal e ilimitada.

Por su parte, el Espíritu Santo no puede castigar al pecado porque no lo ve de esa manera, ve tan sólo errores que pueden ser corregidos y tal es la tarea que Dios le encargó.  El pecado y el error lo que piden es amor, para ser desvanecido ante la luz, en el caso del primero y en el segundo, para ser corregido. 

Nada relacionado con el pecado puede ser curado o corregido, tan sólo puede ser visto tal y como es y como consecuencia de ello, desvanecido ante la luz de la Verdad.  Al suceder esto dejarás de ver al pecado y podrás ver como Dios, y al cambiar de percepción podrás estar en paz y ser fuente de curación, así como un lugar donde cualquiera que lo necesite pueda descansar.

Por Caanly Hernández Galán

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