Capítulo 18. El final del sueño

II. La base del sueño

La base del sueño es el miedo y tu creencia de que estás separado de Dios, debido a ello una parte de ti se siente culpable; tanto el miedo y la culpa derivados de esa idea de separación son demasiado dolorosas e intolerables para tu mente, la cual se fragmenta al experimentar dicho dolor y opta por expulsarlo fuera de ti, de aquí que surge la proyección.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tanto tus sueños de día como tus sueños de noche están hecho del mismo conflicto y surgen a partir de él, por eso es que también tus sueños son conflictivos.  El ego no puede aceptar otra cosa más que el conflicto emanado de la separación y tú, por ahora, sólo estás dispuesto a negar la realidad para mantener al ego, lo haces porque has olvidado de dónde vienes y quién eres y por eso crees que encontrarás paz al cambiar la realidad por la ilusión, de hecho no sabes lo que estás haciendo, o sea no eres consciente de ello.

Cuando lo que percibes no te gusta deseas cambiarlo, a veces lo logras y otras veces no resulta, por eso te mantienes interesado en un mundo onírico, obvio, no te das cuenta que es un sueño, pues parece muy real.

Deseas lo que ves todos los días pero nunca te cuestionas su realidad, lo crees real, lo deseas real y lo ves real, pero sólo existe en tu mente. tus sueños de noche y de día tienen en el fondo el mismo contenido: tu protesta contra la realidad porque crees que la puedes cambiar, bueno en realidad no eres tú, sino que el ego es quien lo cree, pero al tú adoptar al ego como maestro, piensas como él y a partir de él.

El Espíritu Santo siempre le da la vuelta a lo que has creado a partir del pensamiento de separación, miedo y culpa y no te priva de ello, ni te pide que renuncies a ello, sino que lo utiliza a fin de que tus sueños dejen de ser terribles y se conviertan en sueños felices de tal manera que en lugar de experimentar dolor o culpabilidad en tus relaciones, experimentes paz y dicha y así puedas recordar quién eres.

El sueño que proyectas de día o de noche, hace que cierres tus ojos de la Visión interna, cuando te des cuenta de que eso es justo lo que haces cuando te tomas en serio el mundo, ya no lo harás más.  Es cuestión de tiempo para que tu único deseo de despertar, el cual se hará realidad pues coincide perfecto con la Voluntad de Dios y con la tuya, Su hijo.

Por Caanly Hernández Galán

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