Capítulo 8. El viaje de retorno

VI. El tesoro de Dios

Todos como uno solo, es decir la Filiación entera, somos el tesoro de Dios y nuestro tesoro es Su Voluntad, iniciamos este viaje a ningún lugar juntos y juntos hemos de regresar, cuando tú sanas tu mente nos aligeras la carga a todos en nuestra jornada a Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando le prestas atención al mundo y reaccionas a él y con él, olvidas quién eres y quién te creó; no puedes creer que algo en el mundo te puede hacer daño y al mismo tiempo conocerte como Hijo de Dios y conocerlo a Él como el creador amoroso que Es.

Eres digno de la eternidad, de la dicha y de la abundancia de todo lo bueno porque así es tu Creador y Él sólo crea como Él es. Según la parábola del hijo pródigo, el padre estaba dichoso del regreso de su hijo tan sólo porque él mismo era su tesoro; lo único que desea Dios es a Su Hijo reconocido como tal.  

Cuando tú creas amorosamente, es decir sin miedo, esas creaciones constituyen el mayor regalo y la mayor alabanza de agradecimiento a Dios.  Cuando tu mente está en calma te das cuenta de que lo único que deseas es ser quien eres y que así eres dichoso, por ahora has tomado la decisión de ser indigno de ser quien eres y al mismo tiempo de la dicha; pero esa decisión no es válida en absoluto porque tú no te creaste a ti mismo.

En Un Curso de Milagros se nos ha indicado que nuestra única función en el mundo es perdonar, cuando perdonas creas amorosamente y así aumentas el tesoro de Dios y el tuyo junto con Él porque recuerda que somos uno y el mismo. Dios es completa y eternamente dichoso porque nos creó a todos como uno solo y eso nada puede cambiarlo, las ilusiones de dolor que contemplas son indicativo del uso dual de la mente de Dios que comparte con Su Hijo, el Hijo ha decidido utilizar es poder para aprisionar su mente y olvidarse de su función, pero no puede erradicar nada que haya sido voluntad de Dios.

Llegará el momento en el que desearás saber tu función y Dios te la dirá sin demora y así podrás unir tu Voluntad a la del Hijo de Dios como uno solo que somos.  Eres el tesoro de Dios, recuérdalo.  Dios te ama exactamente igual que a todos, incluyendo a tus enemigos, te corresponde a ti reconocerte como parte de ellos y perdonarlos para que el amor, tu herencia natural, sea lo único real para ti.  Eres digno del amor, el miedo no es natural en ti puesto que no es la voluntad de Dios.

Por Caanly Hernández Galán

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