Capítulo 13. El mundo inocente

II. El inocente Hijo de Dios

El miedo que experimentas ante cualquier cosa, incluso el más biológico y hasta justificado es una evidencia de la culpabilidad que habita en tu mente, pues sólo el que tiene miedo ataca, el que ataca y se defiende es vulnerable, el que es vulnerable se convierte en víctima y la víctima engendra culpa/resentimiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para el ego, los inocentes por un lado son vulnerables, débiles y por el otro culpables de prepotencia y soberbia, ambas reacciones son el escudo que el ego utiliza para enmascarar la verdad de la que no quiere que te des cuenta y esa verdad es que al darte cuenta de lo absurdo de su condición simplemente la abandonarías sin más y tal como una burbuja desaparecería en un instante toda la realidad que percibes y que el ego te presenta como la verdad.

Al ego lo perpetúas tú con la atención que le prestas, con tus reacciones de miedo, culpa, duda o preocupación, etc; te hace creer en el tiempo constituido por el pasado y el futuro para distraerte del presente.

En el presente es donde todo se resuelve, porque en el presente, el pasado y el futuro desaparecerían y con ellos todos tus recuerdos tal y como sucede en tus sueños que al despertar no los recuerdas, en el presente es donde olvidas la identidad que el ego te ha hecho creer que eres y recuerdas tu verdadero estado de plenitud, pureza y abundancia y ahí es donde radica la inocencia del Hijo de Dios.

Por Caanly Hernández Galán

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