Capítulo 10. Los ídolos de la enfermedad

III. El dios de la enfermedad

La realidad es que todo está bien, amas a Dios y es recíproco totalmente; si no lo vives así es porque estás interponiendo una imagen de ti mismo que está enferma y vulnerable pero es una fantasía.  Ni Dios ni tú quieren esto pero por ahora lo has elegido, sólo debes darte cuenta de ello y elegir diferente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La imagen ilusoria que tienes de ti mismo es la que debes sanar y sólo tú puedes hacerlo, para una mente separada hay diferencia entre tu situación y la de alguien más, pero para los fines de sanación que te competen cuando te sanas a ti mismo nos sanas a todos en conjunto, esto implica cambiar tu visión acerca de lo que somos, no nos veas enfermos ni desequilibrados o carentes de ninguna manera, al contrario ve a Dios en todos, así sanaremos todos como uno solo.

Dios no puede sufrir ni enfermar y por lo tanto tú tampoco, la enfermedad en cualquiera de sus manifestaciones es una fantasía.  Mantén en la mira a Dios en todo y en todos los que pienses y veas porque sólo eso es real, esa aceptación sanará tu mente y la devolverá a su estado original.

 

Un ídolo es aquel que usurpa tu lugar y tu poder que es el de Dios.  La enfermedad es la idea equivocada de que puedes perder tu poder y dejar de ser quien eres.  No tengas miedo de deshacerte de la imagen errónea que tienes de ti , no estás perdiendo nada puesto que es nada.  El ego te hace creer que estás en un peligro que en realidad no existe, tu trabajo es aceptarlo nada más.  

La idolatría conlleva miedo a quello que se adora, en el Espíritu no hay eso sino un profundo aprecio por todo lo que Es.  La mente es lo único que puede enfermar y por lo tanto, lo único que puede sanar, cuando esto pasa lo que requieres es paz, aunque ya dispones de ella no eres consciente de su existencia, así que eso es lo único que necesitas; reconocer que eres valioso y amado y que dispones ya de lo que quieres y lo tienes en abundancia.

No hay nada que temer, eres libre, acéptalo y podrás reconocer la paz que ya habita en ti, la paz que aceptes para ti la aceptarás para todos porque lo divino nos pertenece a todos y de manera ilimitada.

La enfermedad es una ilusión que parece que creaste pero no es así puesto que no es voluntad de Dios.  La realidad no está dividida la compartes con Dios porque Dios y tú son uno solo.  Dios te creó a  ti, no eres producto ni hijo del dios al que temes, el ego.  Tú eres el altar de Dios porque eres lo más y lo único sagrado que Él creó, así que no lo busques en el mundo de percepciones que fabricaste sino en el Amor y la paz que de un momento a otro reconocerás.  No puedes elegir cuál "dios" es real pero sí puedes elegir de nuevo para hacer a tu verdadero padre real en tu vida y sanar tu mente.

Por Caanly Hernández Galán

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