Capítulo 2. La separación

y la Expiación.

Sección III. El altar de Dios.

 

 

Conviene valorar al cuerpo de manera limitada, pues su valor reside en el uso que se hace de él justo para ser hacedores de milagros.  El altar de Dios tiene que ver únicamente con la luz que reside dentro de ti la cual no puede ser percibida sino sólo reconocida a través de la Visión espiritual, por lo tanto es necesario aprender a ver el fondo y no la forma.

 

El propósito sería colocar dentro de ese altar, a modo de un fuerte centro que nos sostenga a la Expiación que es la certeza de que sólo el Amor es real y lo que perciben tus sentidos no lo es, la cual nos protege y nos hace invulnerables, llega el momento en que nos sentimos listos para soltar esas pesadas cargas que nos hacen sufrir y tienes libre albedrío para decidir el momento en el cual aceptarás tu divinidad, pero no para decidir en qué consiste, eso ya fue decidido desde que fuiste creado y es condición es inmutable.  Esto es una garantía de que finalmente lograremos despertar la Visión espiritual y estar en paz y liberarnos de la esclavitud de nuestros sentidos.

 

La Visión espiritual está enfocada únicamente en la Expiación, en la comprensión de un todo indiviso y amoroso, después de este paso la mente experimenta tal liberación que le es intolerable cualquier demora que le impida ver la verdad de su ser.  Tienes derecho al bienestar y además es natural en ti, cuando no te sientes así estás anteponiendo ideas que te impiden sentirte bien y nublan tu visión, desperdicias tu poder creativo y te demoras.  Lo natural en ti es el Amor y la Expiación es el milagro que te permite saberlo.

 

Por Caanly Hernández Galán

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