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¿Dónde está la perfección de Dios?
 

Algunos niños no concurren a escuelas comunes. Por alguna razón nacen con una capacidad de aprendizaje más lenta que los demás. Ellos asisten a escuelas especializadas, donde son ayudados hasta que alcanzan el nivel de los otros niños. A veces lo logran y otras no.

En una cena que se realizó en una escuela especial, estaba el padre de uno de los niños preparando un discurso que jamás olvidarían. Después de la cena todos los presentes, profesores, ayudantes y padres, se dispusieron a escuchar.

El hombre se levantó, miró a los presentes y dijo:

¿Dónde está la perfección en mi hijo Sebastián? Todo lo que Dios hace, está hecho a la perfección. Pero mi hijo no puede comprender cosas que otros niños si entienden. Mi hijo no puede recordar hechos y figuras que otros niños si recuerdan. ¿Dónde está la perfección de Dios?

La audiencia quedó sorprendida ante esta pregunta, viendo la cara angustiada del padre y murmurando entre ellos.

Yo creo – continuó el padre – que cuando Dios brinda un niño así al mundo, la perfección de El está en la forma de reaccionar que tiene la gente ante estos niños.

Entonces contó la siguiente historia acerca de su hijo Sebastián.
Una tarde, Sebastián y su padre paseaban por el parque donde algunos niños estaban jugando al fútbol.
¿Crees que ellos me dejen jugar?
– preguntó Sebastián a su papá.
El padre sabía que su hijo no era para nada un atleta y que los niños, probablemente, no querrían que él juegue en su equipo. Pero también pensó que Sebastián quería sentirse parte de un equipo de niños “normales”. Entonces llamó a uno de los niños y le preguntó si lo dejarían jugar.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El chico miró a sus compañeros de equipo, sin obtener respuesta alguna de ellos. Así que tomó él la decisión y dijo:  Estamos perdiendo 1 a 0 y el partido está a punto de terminar. El otro equipo tiene muy buenos jugadores, es realmente muy difícil que podamos empatar. Lo dejaremos avanzar hasta el área y le haremos algunos pases hasta que el arbitro de por finalizado el partido.

El padre estaba atónito ante la respuesta del chico y Sebastián sonreía satisfecho. El equipo avanzó hacia el campo contrario, cerca del área le hicieron el pase a Sebastián que avanzó confiado hacia el arco. Uno de los defensores apenas rozó a Sebastián, entonces el árbitro le otorgó un penal.

Colocaron la pelota y todos los chicos, de los dos equipos, alentaron a Sebastián para que pateara fuerte. Así lo hizo. A su vez, el arquero premeditadamente se arrojó hacia el otro lado. Y Sebastián hizo un gol, el gol del empate.

Todos los chicos lo alzaron en hombros y lo hicieron sentir un héroe. Sebastián había logrado empatar el juego para su equipo.

Aquel día – dijo el padre de Sebastián, con lágrimas rodando por sus mejillas – esos 22 niños mostraron, con un gran nivel, la Perfección de Dios. Es curioso como gente simple y normal nos muestra lo maravilloso que es vivir en Dios y con Dios. Es curioso como, tantas veces, estamos preocupados por lo que las personas piensan de nosotros, en vez de preocuparnos acerca de lo que Dios piensa de nosotros.

Anónimo – Adaptación de Mirta Pedalino

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