Fundación para los Niños y Jóvenes de la Nueva Era ac
Testimonios
Claudia Martínez, pedagoga y mamá de un niño índigo
¡Si hubiera sabido que ser tu padre era tan difícil!
Cynthia 12 años
Acerca de una madre proactiva con su pequeño niño de 3 años y medio
Papá y yo queremos hablar, ¿Verdad papá?
Acerca de un padre que se dio cuenta de lo que había hecho...
"Vos no me querés a mi, querés al hijo de la pastilla"
¿A qué vienen a la escuela?
Kabah, 17 años
Experiencia de vidas, un momento con mi padre
Confianza en el Corazón
Vivencias
Señora, su hija es autista
Mis encuentros
¿Somos o No Somos?
Todo comienza con una intención de amor
"Somos reyes del pasado, víctimas del futuro y sobrevivientes del presente..."
Tonatiuh y Quetzalcoatl
Nació un ángel…
Experiencia de Luz
Mi hija y su hermano
MI HISTORIA ÍNDIGO
Un abrazo desde el alma
Desperté ante una rutina diaria llena de retos
Pequeñas lecciones
Valeria
La llegada de uno siempre es
La conexión con lo más sensible al ojo humano
Reflexiones para compartir
El caso Ricardo
Este soy yo para ustedes
A través de los ojos de una cristal
Cursos y conferencias
Taller para padres y profesionales de Salud y Educación "Los Niños y Jóvenes de la Nueva Era"
Conferencias y talleres cortos
Conferencia "¿Quiénes son los Niños de la Nueva Era?"
Ciclo de Conferencias "Más allá del camino del Guerrero"
Consulta virtual con Enrique Rojas Páramo
Grupo de estudio de "Un Curso de Milagros" en la ciudad de México.
Consulta virtual con la Lic. Caanly Hernández Galán
Calendarización de chats
Papá y yo queremos hablar, ¿Verdad papá?
“Stephen, no se qué hacer –me dijo-. Esto ha llegado al punto en que si llego a la sala a ver televisión con mi hijo, él la apaga y se marcha. He hecho todo lo posible por acercarme a él, pero esta mas allá de mi alcance.”
"Creo que tal vez tu hijo no se siente entendido" –le dije-
“Yo lo entiendo –contestó- Puedo ver los problemas que va a tener si no me escucha”
“Déjame sugerirte que supongas que no sabes nada sobre tu hijo. Empieza con las manos limpias. Escúchalo sin ninguna evaluación moral o juicio. Ven a mi clase del Hábito 5 sobre cómo escuchar empáticamente y aprenderás cómo hacerlo.”
Vino a la clase. Pensando que había entendido con sólo una clase, fue con su hijo y le dijo: “Necesito escucharte. Probablemente no te entiendo y quiero hacerlo”
Su hijo contestó: “Tú nunca me has entendido, nunca!” Se dio la vuelta y salió.
Al día siguiente mi amigo me dijo: “Stephen, no funcionó. Hice el esfuerzo y me trató así. Me dieron ganas de decirle `Idiota, ¿no te das cuenta de lo que he hecho y estoy tratando de hacer ahora?`Creo que ya no hay esperanzas”
Le dije: “Está probando tu sinceridad. ¿Y qué encontró? Encontró que en realidad no quieres entenderlo. Quieres moldearlo”
“Debería moldearse, el pequeño granuja –contestó- Sabe muy bien que lo que hace empeora las cosas”
Yo contesté: “Mira el espíritu que tienes. Estas enojado, frustrado y lleno de juicios. ¿Crees que puedes usar alguna técnica para escuchar a tu hijo y hacerlo que se abra? ¿Crees que será posible que hables con él o si quiera lo mires, sin de alguna manera comunicarle todas esas cosas negativas que sientes por dentro? Tienes que hacer mucho trabajo privado en tu mente y tu corazón. Eventualmente aprenderás a amarlo incondicionalmente, tal y como es, en vez de reprimir tu amor hasta que se moldeé. En el camino aprenderás a escuchar dentro de su marco de referencia y, si es necesario, disculparte por tus juicios y errores pasados o lo que sea pertinente”
Mi amigo captó el mensaje. Podía ver que había estado tratando de practicar la técnica en la superficie, pero no estaba usando el poder de practicarla sincera y consistentemente, sin importar el resultado de la técnica de escuchar.
Así que volvió para aprender más y comenzó a trabajar en sus sentimientos y motivos. Pronto empezó a sentir una nueva actitud dentro de él, sus sentimientos hacia su hijo se volvieron más tiernos, sensibles y abiertos.
Finalmente dijo: “Estoy listo, voy a intentarlo de nuevo”
Yo le dije: “Va a volver a probar tu sinceridad”
“Esta bien, Stephen –contestó- En este punto siento que podía rechazarme cualquier cosa que yo intente y no me va a importar. Seguiré haciéndolo porque es lo correcto y él vale la pena los intentos”
Esa noche se sentó con su hijo y dijo: “Se que sientes como si yo no intentara entenderte, pero quiero que sepas que estoy intentándolo y continuaré haciéndolo”
De nuevo, el chico fríamente contestó: “Tú nunca me has entendido” Se levantó y comenzó a caminar para retirarse, pero al llegar a la puerta, mi amigo le dijo “antes de que te vayas, quiero decirte que siento mucho la manera en que te avergoncé delante de tus amigos la otra noche”
Su hijo dio media vuelta y dijo: “No tienes idea de cuánto me avergonzaste” Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.
“Stephen –me dijo después- toda la capacitación y el valor que me diste ni siquiera tuvieron el impacto de ese momento cuando vi a mi hijo comenzar a llorar. No tenía idea de cómo se sentía, que era tan vulnerable. Por primera vez realmente quería escucharlo”
Y lo hizo. El chico gradualmente comenzó a abrirse. Hablaron hasta medianoche y cuando su esposa entró y dijo “Es hora de dormir” el muchacho contestó “Queremos hablar, ¿verdad papá?” Continuaron hablando hasta las primeras horas de la mañana.
Al día siguiente en el pasillo de mi oficina, mi amigo, con lágrimas en los ojos dijo: “Stephen, encontré de nuevo a mi hijo”
Testimonio extraído del libro "Los 7 hábitos de las Familias Altamente efectivas"
"Creo que tal vez tu hijo no se siente entendido" –le dije-
“Yo lo entiendo –contestó- Puedo ver los problemas que va a tener si no me escucha”
“Déjame sugerirte que supongas que no sabes nada sobre tu hijo. Empieza con las manos limpias. Escúchalo sin ninguna evaluación moral o juicio. Ven a mi clase del Hábito 5 sobre cómo escuchar empáticamente y aprenderás cómo hacerlo.”
Vino a la clase. Pensando que había entendido con sólo una clase, fue con su hijo y le dijo: “Necesito escucharte. Probablemente no te entiendo y quiero hacerlo”
Su hijo contestó: “Tú nunca me has entendido, nunca!” Se dio la vuelta y salió.
Al día siguiente mi amigo me dijo: “Stephen, no funcionó. Hice el esfuerzo y me trató así. Me dieron ganas de decirle `Idiota, ¿no te das cuenta de lo que he hecho y estoy tratando de hacer ahora?`Creo que ya no hay esperanzas”
Le dije: “Está probando tu sinceridad. ¿Y qué encontró? Encontró que en realidad no quieres entenderlo. Quieres moldearlo”
“Debería moldearse, el pequeño granuja –contestó- Sabe muy bien que lo que hace empeora las cosas”
Yo contesté: “Mira el espíritu que tienes. Estas enojado, frustrado y lleno de juicios. ¿Crees que puedes usar alguna técnica para escuchar a tu hijo y hacerlo que se abra? ¿Crees que será posible que hables con él o si quiera lo mires, sin de alguna manera comunicarle todas esas cosas negativas que sientes por dentro? Tienes que hacer mucho trabajo privado en tu mente y tu corazón. Eventualmente aprenderás a amarlo incondicionalmente, tal y como es, en vez de reprimir tu amor hasta que se moldeé. En el camino aprenderás a escuchar dentro de su marco de referencia y, si es necesario, disculparte por tus juicios y errores pasados o lo que sea pertinente”
Mi amigo captó el mensaje. Podía ver que había estado tratando de practicar la técnica en la superficie, pero no estaba usando el poder de practicarla sincera y consistentemente, sin importar el resultado de la técnica de escuchar.
Así que volvió para aprender más y comenzó a trabajar en sus sentimientos y motivos. Pronto empezó a sentir una nueva actitud dentro de él, sus sentimientos hacia su hijo se volvieron más tiernos, sensibles y abiertos.
Finalmente dijo: “Estoy listo, voy a intentarlo de nuevo”
Yo le dije: “Va a volver a probar tu sinceridad”
“Esta bien, Stephen –contestó- En este punto siento que podía rechazarme cualquier cosa que yo intente y no me va a importar. Seguiré haciéndolo porque es lo correcto y él vale la pena los intentos”
Esa noche se sentó con su hijo y dijo: “Se que sientes como si yo no intentara entenderte, pero quiero que sepas que estoy intentándolo y continuaré haciéndolo”
De nuevo, el chico fríamente contestó: “Tú nunca me has entendido” Se levantó y comenzó a caminar para retirarse, pero al llegar a la puerta, mi amigo le dijo “antes de que te vayas, quiero decirte que siento mucho la manera en que te avergoncé delante de tus amigos la otra noche”
Su hijo dio media vuelta y dijo: “No tienes idea de cuánto me avergonzaste” Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.
“Stephen –me dijo después- toda la capacitación y el valor que me diste ni siquiera tuvieron el impacto de ese momento cuando vi a mi hijo comenzar a llorar. No tenía idea de cómo se sentía, que era tan vulnerable. Por primera vez realmente quería escucharlo”
Y lo hizo. El chico gradualmente comenzó a abrirse. Hablaron hasta medianoche y cuando su esposa entró y dijo “Es hora de dormir” el muchacho contestó “Queremos hablar, ¿verdad papá?” Continuaron hablando hasta las primeras horas de la mañana.
Al día siguiente en el pasillo de mi oficina, mi amigo, con lágrimas en los ojos dijo: “Stephen, encontré de nuevo a mi hijo”
Testimonio extraído del libro "Los 7 hábitos de las Familias Altamente efectivas"





